Cristóbal Medina

Visca Tabarnia lliure

FECHA

En octubre de 2014, en este mismo blog, publiqué un artículo titulado Visca Catalunya lliure. El título era desde luego una provocación, pero no falto de intencionalidad. En mi artículo defendía que la democracia se hace desde abajo a arriba y que debe ser la gente la que elija su destino. Si los catalanes no se sienten españoles, no hay ningún motivo para obligarles.
Parece ser que no es así, que la mayoría numérica de catalanes se sienten tan españoles como catalanes, pero el miedo a perder la consulta impide que se les pregunte. Este miedo es miedo a la democracia, por lo que algunos están revelando su auténtica ideología. Así se ha conseguido el enfrentamiento de dos posturas intransigentes, que no quieren ver más que su relato, reconstruyendo y falsificando incluso la Historia desde su punto de vista para tener razón.
Yo abogué por una Cataluña libre, que debe elegir si quiere seguir siendo española. De la misma forma y por los mismos motivos ahora abogo por la libertad de Tabarnia para independizarse de Cataluña.
He de hacer hincapié, no obstante, en que en el momento del nacimiento de esta especie de broma llamada Tabarnia, no tengo claro que sea algo positivo o una reacción envenenada del nacionalismo contrario. De momento lo tomaré como una broma que es capaz de sacar a la luz muchas contradicciones.
A pesar de reconocer el derecho tanto a Cataluña como a Tabarnia para decidir sobre su destino, mi posición personal al respecto es contraria a la independencia, por considerar que somos más fuertes y solidarios en una entidad nacional mayor. Pero a nadie se le puede obligar a sentir lo que no siente. Y estamos hablando de sentimientos. Los países se hacen y deshacen mejor por la voluntad popular que por los intereses de las élites privilegiadas, que era como se hacía anteriormente a través de guerras. Las ideas sagradas e inamovibles no han traído más que desgracias a lo largo del tiempo.
Se está demostrando día a día que los independentistas no buscan la cohesión de un pueblo oprimido que se quiere liberar, sino el egoísmo de separarse de tierras a las que consideran más pobres e incultas. No es más que la consabida postura egoísta de los que se creen más ricos que los demás, a los cuales quieren dar la espalda, para que “no les roben”. Obviando que su riqueza es posible porque tienen un mercado de compatriotas en el que pueden levantar su economía. Y a partir de esa idea se construye un argumentario, entre medias verdades y mentiras completas, para adoctrinar a la población, comenzando por la infancia.
Además el veneno del nacionalismo lo llevan a extremos tales que no se cortan de hablar de Països Catalans, anexionándose por la fuerza a los valencianos y baleares, solo porque se les pone en las narices, sin contar con que ellos también tendrían el derecho a oponerse democráticamente, siguiendo sus sentimientos, en expresión de la misma lógica que utilizan.
Hoy en día lo que habría que buscar es el hermanamiento entre los pueblos de la península Ibérica, incluido Portugal, para llegar a organización política más fuerte, que a su vez se integrara plenamente en Europa. Centralización que se compensaría con descentralizaciones administrativas, para que nadie se sienta sometido. (¿Os imagináis una selección de fútbol ibérica?)
El nacionalismo no es más que una enfermedad mental que deforma la realidad para adaptarla a unos intereses. Falsa realidad que luego es creída a rajatabla de forma ingenua, sin el menor atisbo de duda. Esa desviación de la realidad no puede ser sino enfermiza.
Así Tabarnia resulta ser una auténtica pedrada en los dientes para los herederos de Convergencia –o como quiera que se llamen a la hora de publicar esto–. También lo es para la supuesta izquierda, llamada Esquerra Republicana de Catalunya, que abandonó el internacionalismo obrero para caer en el nacionalismo burgués. Y para los ácratas de la CUP, que persiguen una república burguesa catalana, insolidaria y de derechas, apoyándose en los herederos del segundo partido más corrupto de nuestro país, que ya es mucho decir.
Sirva esta parodia para escarnio de cualquier nacionalismo, sin olvidar que no es más que una simple payasada, como el nacionalismo mismo, vamos:

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