Cristóbal Medina

Un salvavidas para el idioma Castellano

FECHA

Una de mis mayores preocupaciones intelectuales, y aún me atrevería a decir que vitales, deriva de mi amor por las letras y por el idioma en el que escribo. En el bachillerato me parecía un horror preocuparse por las faltas de ortografía y si una palabra llevaba la letra ge o la jota, si tenía hache y en qué lugar poner las tildes. Las lecturas posteriores me han llevado a superar esos terrores juveniles y mi preocupación ha logrado hacerme escribir de una forma decente, aunque nunca podamos estar seguros de que no vayamos a perpetrar una errata. Doy fe de que alguna cae en mis letras.
Pero más tarde llega el horror de verdad, el auténtico pavor, y su origen son las redes sociales, las cuales han democratizado la escritura, posibilitando que todo el mundo se comunique a través de ellas y sin el menor respeto por las reglas. No son conscientes de que estas reglas no tienen otra función que conservar el idioma para que todo el mundo pueda entenderse de una forma precisa con él. Esta falta de respeto, que no ignorancia siempre, lleva a cometer las faltas de ortografía de una manera arbitraria. Sí, porque no son coherentes, ponen una hache en cualquier lugar al hazar -¡je!, es una broma, sé que azar no lleva hache, pero aquí tiene sentido-, la quitan sin tino donde debería ir, la be y la uve la intercambian con alegría, los signos de interrogación y admiración sólo los cierran, sin dejar adivinar dónde comienza la pregunta o exclamación… Y todo esto se hace de tal manera, que lleva a pensar que es intencionado, con el único propósito de hacerlo mal, tratándose solo de dejadez y vagancia, cuando no de ignorancia. Ese espíritu anarquista no deja de provocar cierta simpatía, pero a mí me retuerce las tripas y me hace supurar bilis amarga, ya que acabará por destruir una bonita herramienta de comunicación: la lengua de Cervantes.
Esto unido a la imprecisión de los términos y expresiones, de los que ya se han hecho eco varios autores, nos lleva a arrojarnos al precipicio: ¡Adiós, idioma Castellano! La mía será la última generación que te respete. En unas pocas más dejaremos de hablarte y pasarás a ser una lengua muerta, que sólo estudiarán los filólogos y los ratones de biblioteca.
Y lo que más rabia me da es que eso es algo solo nuestro, que otros idiomas no sufren, como el francés, por el simple hecho de que ellos lo aman. Envidio el chovinismo franchute.
Para salvar los muebles, tan solo veo dos caminos. Uno es la lucha sin cuartel contra los enemigos inconscientes de nuestra lengua. Darles batalla constante y criminalizar sus actos. Y otra es una propuesta simpática, que a mí ya me había rondado por la cabeza, pero que la ha puesto negro sobre blanco, Pablo Gonz, un magnífico escritor español afincado en Chile.
Pero lo mejor es exponerlo con sus palabras. Decía Pablo Gonz hace poco en su página de Facebook:
DE LA REFÓRMA ORTOGRÁFIKA

Kerídos amígos i amígas: oi kisiéra planteáros si no sería buéno ke el idióma kasteyáno (también yamádo españól) afrontára úna refórma ortográfika sebéra ke nos permitiéra superár de úna bez i pára siémpre las difikultádes ke se preséntan en nuéstras eskuélas désde áze tantísimos áños. Propóngo suprimír las áches múdas, ke la létra ge séa siémpre ge, i ke la y griéga sírba sólo kómo konsonánte. La létra úbe desaparezería i la ze también. Kuándo yo kiéra eskribír “kása” utilizaré la létra ka i kuándo kiéra decír “zeníza” emplearé dos zétas. También propóngo ke tódas las palábras kon dos sílabas o mas yében tílde dónde korrespónde. Así akomodámos la eskritúra a los fonémas i tónos: tódo resultaría múcho mas fázil úna bez ke nos akostumbrásemos. Yamádme lo ke keráis péro yo se ke los extranjéros ke empezáran a aprendér nuéstro idióma agradezerían úna refórma así. Opiniónes, por fabór! Akábo de zerrárme las puértas a la Reál Akadémia?
Yo rápidamente aplaudí su propuesta y le sugerí que, para simplificar la escritura, no llevaran tilde las palabras llanas ya que son la mayoría en Castellano, cosa que en un principio él no compartía, pero acabó dándome la razón. Quedarían por perfilar algunos aspectos, como utilizar unas consonantes en lugar de otras. Por ejemplo, la «k» y la «qu», son más trabajosas de escribir y más feas que la «c». Yo creo que sería mejor utilizar esta segunda para el sonido fuerte (ca, ke, ki, co, cu) y la «z» para el sonido suave (za, ce, ci, zo, zu). También seguiría con dos signos de interrogación y admiración… Aún hay cabos sueltos que habría que ultimar.
No estamos locos. El hecho de promover esto unos simples escribientes, muy lejanos de pertenecer a la Real Academia de la Lengua, no es ninguna dificultad -casi digo jándicap, que me perdone mi amigo Juan-, ya que la que “limpia, brilla y da esplendor” tan solo recoge y da legalidad a lo que hay en la calle. Ellos no crean, sino que levantan acta notarial. En lugar de que recojan el certificado de defunción de nuestra lengua, pueden recoger nuestra propuesta. Tan solo habría que preocuparse por escribir de esta forma y que seamos muchos los que lo hagamos. Los hechos contumaces serán ley.
Pero esto es solo una propuesta de unos locos. Se abre el debate. Mientras tanto, aquellos criminales de las redes sociales que tiemblen, no les perdonaré la horca…

Para saber quién es Pablo Gonz:
Para conocerlo mejor, su blog es:
Y aquí podéis descargaros su desternillante relato surrealista titulado “Lavrenti y el soldado herido”:

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