Cristóbal Medina

Soy el Rey del Mambo

FECHA

La Literatura es un cajón de sastre que custodia creaciones sumamente diversas, pero a todas las cuales se puede dar el título genérico de literarias, lo cual plantea no pocos malentendidos.
Ya he expresado anteriormente en este blog cómo la poesía me parece la cumbre de la realización literaria, capaz de expresar con la mínima expresión un máximo de sensaciones, imágenes, conceptos filosóficos, etc., enriqueciendo, además, el idioma.
Por su complicada realización, debido al potencial empleo de innumerables figuras literarias
–metáforas, alegorías, sinestesias, aliteraciones, pleonasmos, epítetos…–, por sus ambiciosas pretensiones filosóficas o, en fin, por su forma abstracta o conceptual equiparable a las artes plásticas de la última centuria, la poesía se ha enquistado en una minoría de intelectuales que son los únicos capaces de comprenderla. Existiendo, es verdad, alguna notable excepción que ha sido capaz de llegar a públicos más amplios –me vienen a la mente ahora García Lorca o Miguel Hernández.
Podemos decir que a los poetas los leen esencialmente otros poetas y eruditos literarios. Lo cual es una opción, está bien, porque la calidad acaba por transcender en la Historia de la Literatura, aunque no sea necesario encerrarse en este elitismo.
Tomando otro ejemplo, para concluir de forma breve mi argumentación, los ensayos también son elitistas, se dirigen a un público formado e informado en la materia de que versan. Algunos pretenden públicos más amplios, tratando de emplear una pedagogía de carácter divulgativo, por ejemplo tratando temas sociales o económicos que expliquen la crisis actual al gran público, pero en general son tratados epistemológicos que versan sobre un conocimiento sectorial de alguna ciencia o materia.
En el extremo contrario estamos los novelistas, que buscamos abrirnos a las grandes masas de lectores, sean personas preparadas o busquen tan sólo una distracción intranscendente. Pienso que la novela de todos los tiempos ha pretendido llegar a públicos amplios y populares, con algunas excepciones. La cumbre literaria del castellano, El Quijote, se escribió para divertimento de las masas, incluso las analfabetas, las cuales esperaban a que algún allegado letrado les entretuviera con la lectura en voz alta de sus capítulos. El Quijote fue un éxito de ventas, al igual que El Lazarillo, La Celestina o la Lozana Andaluza. Sus autores perseguían llegar a amplios sectores y no ceñirse a una élite culturizada, lo cual en modo alguno quiere decir que carecieran de calidad. Esto es manifiesto porque estas obras han pasado a la posteridad y los estudios innumerables que se han efectuado sobre ellas ponen de relieve todas sus cualidades literarias.
En el mismo caso que la novela está el teatro: Shakespeare, Calderón, Lope de Vega…
Se puede argüir en contra de este razonamiento que también existen novelas elitistas de mucha calidad –Ulises de Joyce, Rayuela de Cortázar…–, pero, como ya dije antes, la excepción confirma la regla.
A lo que voy es a que en este cajón de sastre que es la Literatura, cada expresión literaria tiene un márquetin diferente. A un ensayista le interesa que su obra se difunda en los medios académicos a los que pretende contribuir, los poetas se consideran pagados con certámenes y premios literarios, con reseñas de críticos y con la lectura de otros poetas, gentes que pueden entenderles. Pero los que queremos ser novelistas nos convertimos en putas. Sí, en personas públicas que nos vendemos de plaza en plaza y de feria del libro en feria del libro. Si una novela no se da a conocer en presentaciones en librerías, en entrevistas de los medios de comunicación, o con publicidad similar a la de un champú o un coche, entonces el gran público, al que se pretende llegar, no sabe que existe. Y si no existes no te leen.
Una novela se parece más a una producción cinematográfica que a un libro de poemas. Es una inversión empresarial que se necesita rentabilizar para poder tener continuidad. Siempre habrá fracasos, siempre saldrán a la luz obras que no merezcan la pena, pero un novelista necesita decir qué es lo que escribe para encontrar a los lectores a los que pueda interesar. Hay lectores de novela que buscan la novela negra, la romántica, la novela gótica, la erótica, la de aventuras, la histórica. O los que buscan un autor que una vez les gustó en una anterior lectura.
Desde luego que el sueño de cualquier escritor es que se le reconozca su obra y pasar a la posteridad. Trascender su vida dejando huella en generaciones posteriores. Pero, ¿quién tiene garantizado que por su calidad indiscutible pasará a la posteridad? Nadie. La historia está repleta de grandes celebridades en su tiempo, que se creían en la cumbre de la calidad, que eran reconocidos como indiscutibles figuras, pero que a raíz de que murieron nadie continuó leyéndolos y el polvo del tiempo acabó por enterrarlos. ¿Ejemplos? Numerosos.  Pero como muestra un botón: José de Echegaray (1832-1916) fue un literato ampliamente valorado en su época, miembro de la Real Academia de la Lengua y de las Ciencias, diputado en la I República, fundador del Partido Republicano Progresista, literato de gran éxito con sus obras de teatro que, incluso, recibió el Premio Nobel de Literatura en 1904, pero al que hoy en día casi nadie recuerda, a excepción de los estudiosos especializados. Basta con citar los títulos de sus obras dramáticas más importantes para comprobar que nadie las conoce hoy en día: La esposa del vengador, Mancha que limpia, El gran galeote, El loco Dioso Mariana. Sin embargo en todas las recopilaciones de Literatura Española, incluso en los niveles académicos más elementales se incluyen las obras Valle Inclán, en parte coetáneo suyo, que no fue Premio Nobel, ni tuvo tantos títulos, pero que con su obra dramática Luces de Bohemia ha tapado a todo el teatro del olvidado Echegaray, que se creyó el Rey del Mambo –es una metáfora, claro, que no sé si entonces existía esta composición musical–, pensando que de sí se guardaría eterno recuerdo y que nunca se enterará de que sus maracas dejaron de sonar.
Y lo mismo ocurre al contrario. Figuras que pasaron desapercibidas en su tiempo, más tarde fueron rescatadas y pasaron a los anales de los grandes autores. Ahora se me ocurren artistas plásticos: Van Goght o El Greco son ejemplos reseñables.
Así que es estéril discutir si un autor contemporáneo va a pasar a la Historia, o no, por mucha sabiduría literaria que acumule. En primer lugar ninguno lo verá de sí mismo, aunque le hagan una despedida de premio Nobel, como a Cela.
Así que no, a pesar del título de esta entrada no me creo el Rey del Mambo, era solo ironía, pero la actividad que mantenemos los novelistas por encontrar a nuestro público puede chocar con intelectuales de pro, eruditos literarios que piensan que tan sólo por aparecer en los medios nos creemos en la cima de la Literatura. En estos días en que he intentado dejarme ver para “venderme”, tengo como recurrente el ejemplo de Santiago Segura y sus “Torrentes”. Sin calificar la calidad de estas producciones cinematográficas, Segura se sabe vender como nadie. Con su simpatía y sus camisetas publicitarias va a todo aquel lugar al que quieran escucharle y da a conocer su obra. Tan sólo es márquetin, porque quien quiera disfrutar de sus productos tendrá que pasar por taquilla y el autor pretende tan sólo mostrar que su opción cinematográfica está disponible.
Yo no tengo su simpatía, ni soy capaz de realizar la inversión en tiempo y dinero de Santiago Segura para imprimirme unas camisetas con la leyenda de “Lo demás es cosa vana”, acompañado de una foto de la Calle de la Vida y la Muerte. Pero que conste que la idea se me ha pasado locamente por la cabeza, porque necesito, igual que él, que la gente sepa que tengo una novela en el mercado, para que pueda valorar cada uno la opción de comprarla. Me vendo, señoras y señores y me vendo sin rubor, porque estoy satisfecho de lo que he escrito.
Esta ambición de darnos visibilidad que tenemos los novelistas –conozco a otros amigos novelistas que lo hacen infinitamente mejor que yo– lleva a los malentendidos mencionados por los cuales hay quien nos creen soberbios o acaparadores.
En una ciudad pequeña, como la que vivo –y me gustaría que no me echaran– sé que algunos pueden pensar que me creo el Rey del Mambo, la cumbre de la literatura, tan sólo porque he dado a conocer mi novela a los medios. Y no es así. No busco una posición social o institucional con el estatus de escritor, tan sólo busco una notoriedad que lleve a los potenciales lectores a conocer que en el mercado hay una novela histórica que puede gustarles. Punto.
Yo no he pagado un solo euro porque editaran mi novela, una editorial ha corrido con los gastos y el riesgo, pero respeto a quien sí se paga su edición, porque tan sólo ha realizado una inversión económica para dar a conocer su obra, sacándola a la luz, con la opción del éxito o del riesgo a que la critiquen y la hundan si no tiene méritos suficientes.
No le tengo ningún miedo a que me hagan una crítica, porque no sería bueno que algo le gustase a todo el mundo, ya que eso querría decir que es anodino, que no tiene sustancia ni carácter. Las críticas de alguien que ha leído mi novela las respeto, por algo ha empleado su tiempo y dinero en ello, pero me duelen las descalificaciones que proceden de la ignorancia y de los prejuicios.
Pido perdón al final de esta entrada, porque a fin de cuentas su principal función es terapéutica. Espero que, además, a alguien le haya servido para reflexionar y para perdonarnos la vida a los “reyes del mambo”.
Lady’s and Gentleman, this is ‘Mambo No. 5’
1, 2, 3, 4, 5,
Everybody’s in the car, so come on let’s ride
To the liquor store around the corner
The boys say they want some ginger juice
But they really don’t wanna
Here boys …
I must stay deep his talk is cheap
I Like Angela, Pamela, Sandra and Rita
And as I continue, you know they’re gettin’ sweeter
So what can I do, I really beg you my Lord
To me it’s fun, it’s just like a sport
Anything’s fly, is all good.
Let me drop here, let’s say, my trumpet.
[Chorus]
A little bit of Monica in my life
A little bit of Erica by my side
A little bit of Rita is all I need
A little bit of Gina is what I see
A little bit of Sandra in the sun
A little bit of Mary all night long
A little bit of Jessica here I am
A little bit of you makes me your man
Mambo No. 5
Jump up and down and move it all around
Shake your hand to the sound
Put your hand on the ground
Take one step left and one step right
On to the front and one to the side
Clap your hands ones and clap your hands twice
And if it look like this you’re doing it right
[Chorus]
All Right!

All Right!

Trumpet, a trumpet

Mambo No. 5

[End]

I do, I do fall in love with a girl like you
You can’t run and you can’t hide
You and me are gonna touch the sky
Mambo No. 5
All Right!
Lou Bega
Fuente: musica.com

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