Cristóbal Medina

San Valentín

FECHA

Hoy es 14 de febrero y tengo un grave problema con esta fecha. Por un lado es una invención, o más bien una incitación, de la sociedad de consumo para que gastemos dinero. No les importa más que eso, el dinero gastado, y sin vergüenza alguna nos hacen un chantaje emocional. Por otro lado a los que estamos felizmente en pareja el tener un día de referencia para recordarnos lo que sentimos no nos viene mal, por mucho que lo correcto sea celebrarlo todos los días. Confieso que varios años hemos caído en la trampa y hemos pasado por caja, con un regalito. Otros, mejor empleados, lo hemos celebrado con una cena en un restaurante. Este no ha habido nada de eso, pero sí hemos tenido felicitaciones. Me sonroja poner tanta intimidad en la nube, para que lo lea todo aquel que quiera, pero los poetas deben desnudarse en público, o no ser. Yo no soy. No me considero poeta. Quiero ser novelista, que le da una cobertura más dura a mi piel. Aún así he tenido la debilidad de dejar un cajón de versos, donde de vez en cuando guardo uno nuevo. Hace un par de años, cuando mi chica cumplió una cantidad de años redonda, se me ocurrió un regalo que llegó a emocionarla. La escribí un libro de poemas, con uno por cada año que cumplía. De ahí salen estos cinco que ahora doy a conocer públicamente como regalo de San Valentín. Están dedicados, claro, a Mila, ya que le pertenecen.

Acróstico
Me dijeron que naciste
ignorando el mañana,
lo mismo que el mochuelo
aletea en la noche,
guiado por el sonido, en
ausencia de luz.
Raudos se abrieron tus ojos,
cansados ya, aunque vivos, e
iluminaron la cruda realidad.
Ayer aún era posguerra:
Bendito el pan que llega,
la casa que abriga y el
ánimo que consuela.
Zancada a zancada,
que hay que avanzar,
el Tiempo te crece, te
zambulle en la mar.
Me dijeron tus palabras
Soy como esas mañanas
en que apenas luce el sol,
nubladas y algo lluviosas,
con misterio alrededor
-me dijeron tus palabras,
aportándome calor-.
Eres tú como esas tardes,
de verano y con tormenta,
ardiente y relampagueante.
De aguacero persistente,
eres tempestad cambiante,
predecible e imprevista,
presta a beberte la vida
con ímpetu de ciclón.
Con eso tan solo
Escribir un poema es mirar a las cosas,
aprehender su sentido,
captar sus matices,
beber su apariencia.
Con eso tan sólo se escribe un poema.
Con una mirada, directa o forzada,
con un sol brillante, que inunde una cara,
con mar espumoso en un día de playa,
con un día claro y brisa sosegada.
Con eso tan sólo se escribe un poema.
Con una palabra, pequeña o prolongada,
con sólo un pensamiento,
con una idea elaborada.
Con soles y con sombras
que te llenen el alma
y te inviten a trazar lúcidas metáforas.
Con eso tan sólo se escribe un poema.
Con alguien que lo inspire,
que desprenda amor,
como cuando me miras y luego te miro yo,
intercambiando las sonrisas
y bañando los corazones de satisfacción.
Tan sólo con eso se escribe un poema.
Azul
De azul se vistió el mar,
copiando tu color.
De azul se tiñó el cielo,
corriendo tras de ti.
Azul es tu sonrisa,
sabiéndose segura
en labios que iluminan
un rostro azul añil.
De azul se vistió el mar,
lidiando con el cielo,
sabiendo que no puede
contigo competir.
Azul te da primor,
sin saber que tu escondes
belleza aún mayor
dentro del corazón,
que es rojo carmesí.
Sé por qué
No.
No sé.
No sé por qué.
No sé por qué te quiero.
No sé por qué te quiero, amor.
No sé por qué.
Te quiero,
amor.

Sí.     Sí.
Ya sé por qué te quiero.
Sí sé por qué te quiero, amor.
Sí sé por qué te quiero.
Porque querer-
te quiero,
amor.

No te lo quedes para ti, compártelo

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