Cristóbal Medina

Pedir perdón por la conquista

FECHA

¿Debe Felipe VI pedir perdón por la conquista de México en el siglo XVI, como le ha solicitado su presidente López Obrador?
Sí, ¿por qué no? No cuesta trabajo, ni es denigrante, además de que puede realizarse como un gesto simbólico y generoso, al igual que se pidió perdón a la comunidad sefardí en 2015 por su expulsión de la Corona de Castilla en 1492.
Dicho esto, voy a argumentar algunas cuestiones.
El presentismo es injusto. Consiste en juzgar tiempos pasados con los parámetros de nuestros días. Ciertamente hoy en día la conquista e invasión de otras tierras es algo inconcebible, pero en el siglo XVI era cosa corriente y aceptada por todas las naciones, sin excepción. ¿Hubo crímenes y masacres? Por supuesto, ¿en qué guerra no los hay? Lo que se tiende a olvidar es que los mexicas eran extremadamente más crueles que los castellanos. No es necesario describir los sacrificios humanos diarios y el canibalismo, basta tan solo con ser conscientes de que su estado bárbaro era similar al que tenían los pobladores europeos prehistóricos, o los mismos romanos, con sus circos y espectáculos de gladiadores. ¿Qué tenían una rica cultura? Claro. Y los romanos también.
Los aztecas igualmente fueron unos conquistadores. Tienen un origen mítico en Aztlán, mucho más al norte, por lo que se los llamó aztlanecas, que acabaría derivando en aztecas, aunque auténticamente eran mexicas o mexicanos. Cuando colonizaron las dos islas más grandes del lago de Texcoco en el siglo XV, poco antes de la llegada de Cortés, sometieron a los pueblos de alrededor y los explotaron, haciéndolos pagar tributos que los empobrecía y requiriendo a sus jóvenes como víctimas sacrificales. Siendo los mexicas una minoría extranjera y opresora han dado hoy nombre al país.
La conquista europea no la realizó Cortés con sus quinientos hombres, cien de ellos marineros, ni con los novecientos, aproximadamente, que llegaron a contarse al final. Le hubiera sido imposible enfrentarse con éxito a ejércitos de cientos de miles de guerreros muy preparados. Cortés tan solo fue un hombre muy inteligente que manipuló a los pueblos oprimidos, enfrentando a grandes ejércitos de tlaxcaltecas, cempoaltecas, etc., contra quienes les sojuzgaban y a quienes odiaban. Cortés no tuvo ningún problema en encontrar partidarios, una de cuyas figuras más destacadas fue la india Malinche, que actuó de muy buena fe a favor de los invasores. Hay que hacer notar que la conquista del imperio mexica duró poco más de dos años y que el imperio invasor fue menos cruel que de lo que era el imperio desplazado. Los invasores europeos vieron a dioses como Huitzilopochlticomo auténticos demonios, que necesitaban el corazón arrancado aún latente de las víctimas para ofrecer sus favores guerreros. El suplantar una religión tan cruenta por otra más amable que predicaba el amor y que tenía a una mujer como uno de sus grandes iconos es lo que realizó el milagro de la rápida conversión de los indígenas. El trasunto de la Virgen de Guadalupe es una advocación de la Castilla de la época, que adoptaron los indígenas inmediatamente y con un fervor que llega a nuestros días.
A los españoles nunca se nos ocurrió exigir que nos pidan perdón por la invasión francesa de 1808, por la invasión musulmana del 711 o porque los romanos acabaran con las culturas celtas e iberas en el primer siglo antes de Cristo. La península ibérica ha sido invadida más veces que América y nuestra cultura es la síntesis de esas aportaciones de población.
Si hoy en día nadie entendería que a alguien se le acusara del delito que cometió su padre, menos entendible sería ser acusado por el que cometieron su abuelo o sus antepasados de hace quinientos años.
Otro dato que no suele tenerse en cuenta, es que el país que realizó la conquista de México era el reino de Castilla. Por aquel entonces España no era más que un nombre geográfico, pero no político. Por ejemplo, la Casa de Contratación y todas las instituciones que controlaron la conquista y colonización de América dependían directamente de la Corona de Castilla, desvinculadas del resto. Tanto es así que los aragoneses eran tan extranjeros, como los alemanes, aunque compartieran el mismo rey. Tampoco la dinastía de los Trastámara y los Habsburgo se corresponden con la monarquía borbónica de Felipe VI.
No obstante, los castellanos nos sentimos orgullosos de que nuestra reina Isabel quisiera a los habitantes de América como súbditos, iguales a los de la península, y nunca como gentes conquistadas. Insistió mucho en ello e incluso lo dejó por escrito en su testamento. Los siguientes reyes continuaron esta política y así se elaboraron las Leyes Nuevas en 1542, para evitar los abusos e incluso hubo una pugna filosófica, la Controversia de Valladolid, celebrada entre 1551 y 1552, en la que se debatieron los derechos de conquista y la forma de tratar a los conquistados, según las propuestas de la Escuela de Salamanca, cuyo máximo exponente era Francisco de Vitoria. En ella contrapusieron sus posturas Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda. ¿Qué país de la época, o de épocas posteriores, tuvo una posición ética de tal calibre?
Los castellanos nos sentimos muy orgullosos de fray Bartolomé de las Casas, que fue nombrado obispo de Chiapas, pero que regresó a la península y nunca dejó de ser castellano. Aquí luchó con todas sus fuerzas por los derechos de los indios, incluso exagerando las masacres y crímenes para conseguir sus propósitos. Y, a pesar que luego fue utilizado para crear la Leyenda Negra, él no era Holandés, Inglés o Francés.
Por tanto, me reafirmo en mi proposición del inicio, si podemos sentirnos orgullosos por la postura ética de los castellanos del siglo XVI en muchos aspectos, no tienen que dolernos prendas por pedir perdón por las crueldades de una guerra, en la que no participamos nosotros, ni siquiera nuestros antepasados, ya que los responsables fueron los antepasados de los actuales mexicanos, tanto de procedencia indígena como europea.
Hace ya 200 años que México es independiente y responsable de la evolución política, económica y social de sus habitantes. Es injusto que se culpe a la colonización de sus problemas reales o imaginados. Una guerra llevó a los europeos al continente americano y otra guerra de independencia los desvinculó, por la cual no se nos ocurre tampoco solicitar que se nos pida perdón. Es una pena que en tiempos pasados fuera la guerra y la fuerza bruta la que relacionara a los pueblos, pero es algo que sucedió. No debemos consentir que vuelva a repetirse, para eso sirve la Historia. Lo que sí que podemos es reconocer los lazos que nos unen y hermanarnos para tener un futuro juntos en el que podamos crecer. Los españoles agradecemos enormemente que cuando pasamos por la guerra fratricida del siglo XX, México acogiera a nuestros exiliados y, en en la actualidad, España puede servir de apoyo contra el verdadero rival actual de México, que no es otro que el que quiere construir un muro de separación. Compartimos lengua y cultura, sentimos como nuestros a Octavio Paz, Juan Rulfo, Carlos Fuentes y pensamos que en México también se estima a García Lorca, Miguel de Cervantes o Juan Ramón Jiménez. Y juntos podemos admirar a extranjeros como Rubén Darío, Vargas Llosa o Jorge Luis Borges.
Pobres de aquellos pueblos que busquen enraizarse en una genealogía, en lugar de aceptar el multiculturalismo. Igual que en España somos iberos, romanos, celtas, árabes, germanos y judíos, en México son herederos de todos ellos por nuestra sangre, tanto como también son aztecas, olmecas, mayas, mixtecos o zapotecas.

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