Cristóbal Medina

El encuentro casual

FECHA

—¿Julia?

—¡Paula! ¡Qué alegría verte! ¿Qué haces por aquí?

—He venido al centro a comprarme algo de ropa. Para vuestra boda, claro; que quiero ir bien guapa.

—Pero, si no hace falta… Es decir, que tú vas guapa con cualquier cosa.

—Para mí es un día importante y quiero destacar… Vamos, tú me entiendes, el día importante es para Roberto y para ti, pero yo quiero ir bien guapa. Todo el mundo sabe que él y yo fuimos pareja muchos años y tengo que estar a la altura de lo elegantes que iréis los dos.

—No dudes que iremos muy elegantes, pero no puedo darte detalles de mi vestido, ja, ja. Muchas gracias por apuntarte en la lista de bodas el robot de cocina, que nos hace ilusión. A propósito, ya hemos hecho la distribución de las mesas y me tienes que decir el nombre de tu pareja.

—Iré sola, no te preocupes.

—No puede ser, querida. Te hemos puesto en una mesa donde todos son parejas. Si vas sola estarás muy incómoda.

—Incómoda seguro. Es decir, entiéndeme, para mí no va a ser un trago agradable asistir a la boda de mi ex.

—Paula, querida, pues no te lo pienses. No es necesario que vengas, no pases un mal rato.

—Bueno, no te preocupes de cómo lo pasaré o la dejaré de pasar, que es cosa mía.

—Si digo por ti, boba. Sabes que te aprecio y no quiero que en un día tan feliz haya nadie pasándolo mal. Mira, haremos una cosa, le diré a Roberto que te he visto y que me has contado que no puedes venir. Inventaré cualquier excusa, una abuela enferma o algo así. ¿Qué te parece?

—Que mi abuela tiene una salud de hierro y que con esas cosas no se juega.

—No te lo tomes así, si yo solo pienso en evitarte un mal trago. No vengas, de verdad, no te veas forzada a estar en una mesa rodeada de parejas y tú más sola que un seto en una rotonda. Mira, haremos una cosa, para mostrar tu buena disposición, el robot de cocina lo dejas como regalo, pero no pases el mal rato de asistir a la boda de tu ex.

—¡Y un cuerno! Si no voy a la boda, no hay regalo. Es más, como veo que te molesta que vaya, te aseguro que iré. Roberto me ha invitado personalmente y sé que se alegrará de verme, como siempre se alegra cuando nos encontramos. Le conozco de sobra. Y no te preocupes por el robot, que como voy sin pareja os regalaré otra cosa más sencilla, un juego de vasos de wiski. Así, cuando estéis a solas por la noche, él podrá emborracharse a gusto y no tendrá que soportarte.

—Oye, guapa, eso sí que no te lo aguanto. Ya no me apetece nada que vayas a mi boda. Y el robot bien podías dejarlo pagado, para no quedar como una guarra.

—Mira, te guste o no, iré a la boda de mi ex, porque me sale de los ovarios, ¿te enteras? Y ya te he dicho que te olvides del robot de cocina. ¡Ni lo sueñes!

—Irías, si a mí me pareciese bien y que no me lo parece.

—Pero no te casas con el aire, que es lo que merecías; así que, mientras quiera Roberto que yo vaya, tú te callas la boca, que la tienes muy grande.

—Es igual, despídete, Roberto hará lo que yo diga.

—¡Ja, ja, ja! Lo que tú digas, sí, lo que tú digas. Si yo te contara…

—¿Qué quieres insinuar, pedazo de perra?

—Perra tú, que se te da muy bien ladrar.

—Y morder también se me da bien, guapa. Y que sepas que lo de guapa es un decir, que nada tiene que ver con la realidad: ¡guapa!

—Morder como una perra, no dudo que lo sepas hacer. Pero ser cariñosa como un gato, eso ni de lejos, que lo sé de sobra. Que Roberto bien se ha arrepentido de estar contigo. Pero, claro, ¿cómo se va a echar ahora para atrás con tu familia de mafiosos guardándote las espaldas?

—¡Asquerosa!

—¿Quieres que te lo cuente? ¿Sabes con quién estuvo ayer por la tarde tu Roberto?

—Con su hermano, comprándose unos zapatos.

—Ja, ja. Su hermano, sí. Ayer estuvo conmigo, llorando.

—Mentira, solo quieres meter mierda por medio para separarme de él, so guarra.

—Sí, mentira. Y también es mentira que luego subió a mi casa. Y que en mi casa nos acostamos.

—Púdrete, asquerosa, que no lo vas a conseguir. Nos casaremos y vivirá conmigo y no contigo. Es a ti a quien ha dejado y es conmigo con quien quiere estar. Nos vamos a casar y no se te ocurra aparecer por allí. Les diré a mis hermanos que estén pendientes y que si te ven aparecer te echen a patadas.

—No te preocupes, que ya no quiero ir. No voy a presenciar cómo mi Roberto comete el error de su vida. Ya volverá a buscarme para llorar en mi hombro. ¡Y después echaremos un polvo!

—Si tus falsedades te consuelan, mejor para ti, que a mí no me engañas. Todo lo que dices es mentira. Al fin lo conseguí: no vendrás a mi boda.

—No iré, no. Pero vigila a MI Roberto, que estará buscándome con los ojos.

—Sueña, guapa, que es gratis. Lo que sé es que, por la noche, lo tendré en mi cama. Y ya pagaste la lista de boda, así que el robot es mío. No pienso devolvértelo. 

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